Draw My Life: cómo pasé de ejecutar ideas locas a crear el movimiento Sal del Sofá
No toda vida empieza con un nacimiento, y mucho menos la mía. Si soy honesto, tampoco empieza dibujando, porque dibujar fue algo que descubrí demasiado tarde. Mi historia empieza mucho antes, en una familia llena de contrastes, de esas que sin darse cuenta te empujan a mirar el mundo con curiosidad, a probar cosas nuevas y a no quedarte quieto.
Esa mezcla fue la que terminó definiéndome: un tipo que se obsesiona con una idea, la ejecuta, aprende en el camino y luego va por la siguiente. A veces esa idea fue organizar torneos de videojuegos. Otras veces, importar zapatillas. Después, traer pintura en spray desde Alemania, trabajar en televisión, hacer mercadeo para Red Bull o enseñarles a niños en las favelas de Brasil. Y, en el fondo de todo, siempre hubo una misma intención: moverme, conocer, crear y hacer que otros también se levanten del sofá.
Una familia de extremos que me enseñó a abrazar los contrastes
Vengo de una casa en la que los opuestos no chocan, se complementan.
Por un lado está mi papá, ingeniero, totalmente ordenado y sumamente creativo. Por el otro, mi mamá, empresaria, chef y química, completamente loca en el mejor sentido posible. De esa combinación salieron primero mis dos hermanas mellizas, cinco años mayores que yo, y después llegué yo.
Mis hermanas son unas genias, pero viven en mundos totalmente distintos. Una necesita control de calidad previo para cada momento de la vida. La otra es bohemia y prácticamente anda ocupada en salvar al mundo. Crecer en medio de esas personalidades tan diferentes me hizo entender algo desde temprano: la diversidad de formas de pensar no es un problema, es una ventaja.
Eso también se reflejaba en mis vacaciones, que casi siempre giraban alrededor de conocer personas y lugares con culturas distintas a la mía. En mi casa, el choque cultural nunca fue una amenaza. Era una oportunidad de aprender.
Todo cambió a los 16: empecé a ejecutar cada idea que se me ocurría
A los 16 años algo hizo clic. Dejé de pensar tanto en las ideas y empecé a ejecutarlas. No todas eran perfectas. No todas eran sensatas. Pero cada una me enseñó algo.
Uno de los proyectos más cool de esa etapa fue organizar, junto con dos amigos, torneos importantes de un videojuego. Fue divertido, intenso y sorprendentemente útil. No solo armamos algo que disfrutábamos muchísimo, sino que además logramos generar dinero.
Con esa plata empecé a importar zapatillas desde Estados Unidos. La lógica era simple: escogía modelos que me gustaban mucho, los traía a Panamá y se los vendía a mis amigos.
No sé qué tan legal era todo eso, pero sí sé qué tan importante fue.
Ese proyecto fue la semilla de algo mucho más grande. Me hizo ver que una idea bien ejecutada puede convertirse en movimiento, en libertad y en nuevas posibilidades. Y sobre todo, me dio recursos para empezar a viajar.
Lo que aprendí en esa etapa
- Ejecutar vale más que imaginar. Las ideas solo cambian tu vida cuando salen de tu cabeza.
- Los proyectos pequeños también cuentan. A veces parecen improvisados, pero terminan siendo el inicio de algo enorme.
- Emprender joven te forma. Aunque te equivoques, aprendes a resolver, vender, conectar y moverte.
A los 17 me gradué y el viaje se volvió una escuela
A los 17 años me gradué de la escuela y empecé a mochilear por todo Panamá. Después di un paso todavía más grande: junto con dos amigos hice un viaje por Suramérica que nunca voy a olvidar.
Fueron nueve países y alrededor de 120 ciudades.
Ese recorrido me enseñó muchísimo sobre culturas, costumbres, formas de vivir y maneras de entender el mundo. Viajar así no se trata solo de cambiar de escenario. Se trata de exponerte a realidades distintas, de cuestionar lo que das por sentado y de volver con la cabeza mucho más abierta.
Gracias al apoyo de mi familia y al esfuerzo que le metí a cada proyecto que pasaba por mi mente, con el tiempo logré conocer prácticamente toda América. Solo me faltaban tres países.
Viajar no me hizo escapar de mi realidad. Me hizo comprometerme más con ella.
Grafiti, arte urbano y el orgullo de crear en Panamá
Probablemente uno de los proyectos más importantes, o por lo menos de los más divertidos, fue el relacionado con el arte urbano.
Desde Alemania empecé a importar una de las mejores marcas de pintura en spray que existen. Lo hice porque sabía, y todavía lo sigo pensando, que en Panamá hay muchísimo talento y muchísimas oportunidades para el arte y la cultura.
No era solo un negocio. Era una apuesta por una escena creativa que merecía más espacio.
Después de experimentar con varios proyectos, terminé involucrado en una obra que para mí representa uno de mis mayores logros: pintar cuatro pisos de la USMA. Todo el equipo se botó con ese trabajo, y cuando terminamos nos pidieron hacer otra pared más. Ahí ya había andamios, más amigos involucrados y una energía increíble alrededor del proyecto.
A todos les encantó la obra.
En lo personal, este proyecto me marcó porque reunía varias cosas que me importan mucho al mismo tiempo:
- Hacer algo diferente
- Pasarla bien mientras trabajo
- Fomentar el arte y la cultura
- Construir en mi país
- Dejar huella en la universidad que me formó
La USMA me enseñó mucho de lo que sé sobre administración de empresas, pero también me dio un espacio real para convertir ideas creativas en algo tangible. Y eso vale muchísimo.
Dos trabajos de medio tiempo que me abrieron mundos nuevos
Mientras desarrollaba mis proyectos, también tuve dos trabajos de medio tiempo que ampliaron todavía más mis horizontes.
Mi salto inesperado a la televisión
El primero me llevó a un lugar que jamás había planeado: la televisión.
Fue algo completamente nuevo, loco y diferente para mí. No estaba en mis planes, pero terminó convirtiéndose en una experiencia brutal. Ese trabajo me sorprendió con una red de medios sociales de más de 6,000 seguidores y me dio la oportunidad de crear algo propio.
Así nació Mix Extremo, un programa del que pude ser coproductor, director y presentador.
No todos los días tienes la oportunidad de ponerte al frente de un proyecto así y tocar varias áreas al mismo tiempo. Para mí fue una escuela acelerada de comunicación, producción y liderazgo.
Lo que me dejó esa experiencia
- Aprendí a contar historias de forma más clara y atractiva.
- Entendí cómo funciona un proyecto de medios desde adentro.
- Descubrí que me gustaba mucho crear contenido con identidad propia.
Red Bull, mercadeo y aprender a representar una marca
El otro trabajo fue en Red Bull, en el área de mercadeo, como student manager representando a la USMA, la Latina y la ULASED.
Durante dos años trabajé en ambas empresas y aprendí muchísimo. En Red Bull logré ganar varios premios por hacer eventos y promover la visibilidad de la marca entre la juventud panameña.
Ese trabajo me enseñó algo clave: una marca no vive solo en la publicidad. Vive en las experiencias que crea, en la energía que genera y en la relación auténtica que construye con la gente.
Además, en algunas ocasiones pude hacer viajes de trabajo a nivel internacional. Eso expandió todavía más mis horizontes, porque me permitió conocer otras perspectivas, otras formas de trabajar y otros estándares de ejecución.
Cuando uno sale de su contexto y ve cómo se hacen las cosas en otros lugares, vuelve con muchas más herramientas.
La característica que más me define: enfocarme y conseguirlo
Si tuviera que resumir una de las características que mejor me define, diría esta: me enfoco en lo que quiero y voy por ello.
No importa si el proyecto es creativo, empresarial, social o completamente inesperado. Si algo me mueve, trato de llevarlo hasta el final. A veces sale increíble. A veces toca corregir sobre la marcha. Pero siempre me interesa más hacer que quedarme imaginando.
Esa forma de vivir me ha llevado por caminos muy distintos, pero todos conectados por la misma actitud: curiosidad, ejecución y ganas de aportar algo.
45 días en las favelas de Brasil: cuando el aprendizaje cambia de dirección
Uno de los proyectos más transformadores de mi vida fue trabajar como voluntario durante 45 días en las favelas de Brasil.
Fui profesor de niños que estaban viviendo situaciones muy difíciles. Como voluntario les enseñé deportes, arte y un poco de todo. Pero siendo totalmente honesto, ellos fueron quienes más me enseñaron a mí.
No solo me enseñaron un idioma. Me abrieron los ojos.
Hay realidades que uno sabe que existen porque las escucha, las lee o las ve de lejos. Pero hay una diferencia enorme entre saber que algo pasa y vivirlo de cerca. Cuando estás ahí, entiendes con otra profundidad la urgencia, la dignidad de la gente y la necesidad de actuar.
Ese tipo de experiencias te obliga a dejar la comodidad mental. Ya no puedes fingir que no viste lo que viste. Ya no puedes hablar de problemas humanos como si fueran conceptos abstractos.
Para mí, estar en Brasil reforzó una idea fundamental: necesitamos estar conscientes de lo que pasa para poder actuar mejor.
Lo que me dejó el voluntariado
- Más empatía frente a realidades complejas.
- Una comprensión más humana de la desigualdad.
- La certeza de que enseñar también es una forma de aprender.
- La convicción de que cada persona puede poner su granito de arena.
No voy a arreglar todos los problemas de la humanidad, pero sí puedo mover algo
Sé que suena enorme hablar de los problemas de la humanidad. Y sí, es difícil pensar que podemos mejorarlos todos. Pero también estoy completamente seguro de algo: cada persona puede aportar.
No hace falta resolverlo todo de una vez para hacer una diferencia real. A veces el cambio empieza en escalas mucho más pequeñas:
- en una conversación,
- en un proyecto,
- en una comunidad,
- en una oportunidad que le das a alguien,
- o en la decisión de dejar de ser pasivo frente al mundo.
Yo creo de verdad que, si cada quien pone su granito de arena, en algún momento vamos a estar mucho mejor.
Sal del Sofá: más que un título, un movimiento
De toda esa mezcla de experiencias nació una idea que quería convertir en algo más grande. Aprovechando el título de creación literaria que conseguí en la UTP, decidí no escribir simplemente un libro. Quise empezar un movimiento.
Ese movimiento se llama Sal del Sofá.
La intención es sencilla, pero poderosa: motivar a los jóvenes a dejar de quedarse en casa sin hacer nada, dejar de vivir pegados a la televisión o atrapados en la comodidad, y salir a descubrir el mundo que tienen afuera.
No se trata de romantizar el movimiento por el movimiento. Se trata de entender que afuera hay un mundo que vale la pena explorar. Que vivir de verdad implica involucrarse, conocer, crear, equivocarse, ayudar, viajar, trabajar, aprender y volver a empezar.
Sal del Sofá no es solo una frase. Es una postura frente a la vida.
Qué significa para mí salir del sofá
- Ejecutar ideas en vez de archivarlas.
- Conocer personas distintas a ti.
- Viajar con intención de aprender.
- Involucrarte en proyectos culturales y sociales.
- Usar tu energía para construir algo.
- Entender que la comodidad excesiva también inmoviliza.
La verdadera línea que une toda mi historia
Si miro todo junto, desde mi familia hasta los torneos de videojuegos, las zapatillas, los viajes, el grafiti, la televisión, Red Bull, el voluntariado en Brasil y Sal del Sofá, veo una línea muy clara.
Esa línea no es el éxito, ni la fama, ni siquiera el trabajo. Es el movimiento.
Moverme me ha permitido aprender. Aprender me ha permitido crear. Crear me ha permitido conectar. Y conectar me ha recordado una y otra vez que el mundo es mucho más grande de lo que parece cuando uno se queda quieto.
Por eso sigo creyendo en salir, explorar y hacer. Porque al final, muchas de las mejores cosas que me han pasado empezaron igual: con una idea loca y la decisión de no dejarla en el sofá.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Andrés Piñeiro Coen en esta historia?
Soy alguien formado por contrastes familiares, proyectos creativos, emprendimientos tempranos, viajes por América, trabajo en medios, mercadeo y experiencias de voluntariado. Todo eso fue construyendo una forma de vivir enfocada en ejecutar ideas y aprender del mundo real.
¿Qué papel tuvo la familia en mi forma de ver el mundo?
Un papel enorme. Crecí entre personalidades muy distintas y con una dinámica familiar que valoraba conocer otras culturas. Eso me enseñó a no temerle a lo diferente y a buscar aprendizaje en los contrastes.
¿Qué proyectos hice desde joven?
Desde los 16 años empecé a ejecutar ideas constantemente. Organicé torneos de videojuegos con amigos, importé zapatillas desde Estados Unidos para venderlas en Panamá, y más adelante desarrollé proyectos ligados al arte urbano y al emprendimiento.
¿Por qué fue tan importante el proyecto de grafiti en la USMA?
Porque me permitió unir creatividad, trabajo en equipo, arte, cultura y orgullo por mi país. Pintar cuatro pisos de la USMA fue una forma de demostrar que en Panamá hay talento y que se pueden hacer cosas diferentes con impacto real.
¿Qué aprendí trabajando en televisión y en Red Bull?
En televisión aprendí producción, dirección, presentación y comunicación. En Red Bull aprendí mercadeo, activación de marca, organización de eventos y visibilidad entre jóvenes, además de ganar perspectiva internacional con viajes de trabajo.
¿Qué me dejó el voluntariado en las favelas de Brasil?
Me dejó una visión mucho más profunda de la realidad social, de la desigualdad y del valor del contacto humano directo. Fui a enseñar, pero terminé aprendiendo muchísimo más de lo que imaginaba.
¿Qué es Sal del Sofá?
Es un movimiento que busca motivar a los jóvenes a dejar la pasividad, salir de la comodidad y descubrir el mundo que existe afuera. Nace de la idea de que explorar, crear y actuar transforma la vida.
¿Cuál es el mensaje principal de Draw My Life: Andres Pineiro Coen?
Que una vida interesante y útil no se construye quedándose quieto. Se construye ejecutando ideas, aprendiendo de otras culturas, involucrándose en proyectos y entendiendo que cada persona puede aportar algo para mejorar el mundo.
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