Renzo Rímolo: entretenimiento para enfermos, emprendimiento y una carrera construida con humor

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Renzo Rímolo: entretenimiento para enfermos, emprendimiento y una carrera construida con humor

Yo empecé haciendo stand up comedy sin tener el gran plan maestro, sin pensar que eso iba a convertirse en una carrera en radio, televisión, cine, redes sociales, negocios e incluso una agencia creativa. Empecé porque era el payaso de la clase, porque me gustaba hacer bromas y porque un día me animé.

Y a veces eso es lo que separa una vida cualquiera de una historia que termina llevándote a escenarios, películas, marcas y proyectos propios. No magia. No suerte pura. Animarse, trabajar, pensar en el futuro y entender que la fama sola no es un modelo de negocio.

Esta es una historia de entretenimiento, sí, pero también de estrategia, de identidad, de golpes duros y de cómo construir algo más grande que tu propia cara.

Cómo empezó todo: un talent show, un monólogo y 150 dólares

Mi primer acercamiento al stand up fue en 2008, en un talent show del colegio. Lo curioso es que yo no venía de estudiar comedia ni de obsesionarme con grandes referentes del género. De hecho, ni siquiera era alguien que se sentaba a consumir monólogos por gusto. Lo mío nació más instintivamente.

Veía que en esos shows casi siempre pasaba lo mismo: una banda, una coreografía, lo de siempre. Entonces hice un monólogo sobre por qué nadie quería ir a los talent shows porque eran siempre iguales. Quedé en primer lugar y me gané como 150 dólares, que a esa edad era un montón.

Ese fue el primer empujón.

Después volví a presentarme, ya graduado, y poco a poco empecé a meterme en bares. Al inicio no había grandes pagos. A veces la recompensa era la pizza de la noche o las cervezas. Pero así arranca muchísima gente en entretenimiento: con espacios pequeños, pago simbólico y muchas ganas de probarse.

Del colegio a los bares: cuando la comedia empezó a volverse seria

En 2010 entré en contacto con un grupo de personas vinculadas a radio y televisión en Costa Rica que también hacían monólogos de comedia. Ahí fue cuando todo empezó a acelerarse. Yo era el desconocido del grupo, el más nuevo, el chiquillo que venía saliendo de la nada. Pero ese tipo de oportunidades cambian carreras.

Hasta ese momento yo estaba estudiando producción audiovisual, cine y televisión. Mi ruta parecía ir por otro lado. Probablemente habría terminado editando videos o produciendo detrás de cámara. Pero mientras estudiaba, empecé a mezclar esas herramientas con el humor.

Ahí se fue formando una ventaja importante: no solo hacía comedia, también entendía cómo crear contenido.

Por qué abrí un fan page y empecé a construir marca personal

En 2012 me abrí un fan page en Facebook. Y sí, al principio me sonaba rarísimo. Uno piensa: “¿Quién soy yo para abrirme una página de fanáticos?”. Pero había una razón muy práctica. Ya me empezaba a agregar mucha gente que no conocía, gente que me había visto en bares o teatros, y yo no quería mezclar eso con mi vida personal.

Esa decisión, que parecía pequeña, terminó siendo enorme.

Con el tiempo, esa página creció hasta acercarse a los 200 mil seguidores. Y no fue solo por existir en redes, sino por entender que el contenido tenía que tener personalidad, consistencia y una voz propia.

No bastaba con estar. Había que dejar huella.

Radio, televisión y una carrera en ascenso

Ese mismo 2012 entré a radio en Los 40 Principales. Después, en 2013, llegué a un programa de televisión de monólogos llamado Le Llamamos Comedia, que se transmitía por Centroamérica.

Ya para ese punto el entretenimiento había dejado de ser un simple hobby.

La cosa siguió creciendo:

  • 2012: ingreso a radio.
  • 2013: participación en televisión con un programa de comedia.
  • 2015: participación y victoria en Dancing with the Stars Costa Rica.
  • 2017: protagonismo en la película Amor Viajero.

Lo de Dancing with the Stars fue particularmente interesante porque ese formato no depende solo de bailar bien. También cuenta el carisma, la conexión con la gente y la capacidad de generar apoyo. En ese momento yo ya tenía una base fuerte en redes sociales, y eso me permitió movilizar votos todos los días.

No fue solo baile. Fue comunidad.

Y luego vino el cine. Amor Viajero me llevó a Europa para grabar en varios países. Era mi primera vez allá. No solo estaba viajando, me estaban pagando por hacerlo. Son de esos momentos donde uno dice: “Qué loco todo lo que salió de subirme a un escenario años atrás”.

Cuando entendí que vivir de mi imagen no era suficiente

Mientras todo eso crecía, hubo una idea que se me fue haciendo cada vez más fuerte: yo estaba ganando dinero por ser yo. Por mi cara, por mi voz, por mi presencia, por mis redes, por estar en escena.

Y eso tiene un límite.

Uno puede estar bien hoy, pero si mañana pasa algo, si la fama baja, si el interés cambia o si simplemente ya no estás en el centro de atención, ¿qué queda?

Ese pensamiento fue clave para empezar a emprender. No porque quisiera jugar al empresario por moda, sino porque quería construir ingresos que no dependieran siempre de salir yo a escena.

En ese momento tenía buenos ingresos y muy pocos gastos. Vivía con mis papás, ya me había comprado mi primer carro y estaba en una posición donde podía tomar decisiones con cabeza fría. Ahí fue cuando apareció una oportunidad.

Mi primera inversión: barbacoas, socios y visión de largo plazo

Un amigo mío tenía un negocio de barbacoas importadas desde China, con buen precio y buena calidad. Yo no era el experto técnico del producto ni mucho menos, pero sí podía entrar como socio inversionista.

Eso hice.

Fue una decisión importante porque marcó el inicio de una mentalidad distinta. Ya no se trataba solo de monetizar mi carrera artística, sino de poner dinero en algo que pudiera crecer aparte de mí.

Con el tiempo el negocio evolucionó bien. No solo se vendía al público, también se colocó producto en tiendas mayoristas. Y esa experiencia me confirmó algo: invertir no siempre significa entrar al negocio de tus sueños, a veces significa detectar una buena oportunidad y entender el valor de construir activos.

La verdadera razón por la que decidí invertir

Yo siempre he pensado mucho en el futuro. Tal vez demasiado. En trabajo, en relaciones, en proyectos, siempre estoy preguntándome qué viene después.

Cuando empecé a ganar plata de forma constante, no pensé únicamente en gastarla. Pensé en protegerme del día en que mi imagen ya no produjera igual.

Eso me llevó a una idea muy simple:

  • Si todo depende de mí, estoy expuesto.
  • Si construyo negocios aparte, gano estabilidad.
  • Si ahorro, puedo moverme con menos miedo.

No es la fórmula más glamorosa, pero sí una muy real.

¿Me despilfarré la plata? Sí, pero no como la gente cree

No me compré un yate ni empecé a vivir como si fuera millonario. Mi manera de despilfarrar la plata era otra: invitar a mis amigos, pagar almuerzos, irme a la playa con gente cercana, cubrir hoteles, compartir experiencias.

Yo disfrutaba la idea de que si me estaba yendo bien, no tenía sentido vivir eso completamente solo.

Y aunque sí había generosidad y disfrute, también hubo una línea que nunca solté: el ahorro.

Ese tema se volvió central en mi forma de manejar el dinero. Porque una carrera en entretenimiento, como cualquier camino emprendedor, tiene picos y valles. Hay meses buenísimos y otros más flojos. Si no guardás cuando entra, sufrís cuando baja.

La agencia creativa: pasar de influenciador a constructor de ideas

Con el tiempo empecé a notar algo que pasa muchísimo en marketing: muchas marcas están cansadas de trabajar con influenciadores que funcionan como una valla publicitaria. Les pagan, repiten un mensaje y listo. Sin credibilidad, sin creatividad, sin alma.

Yo traté siempre de hacer lo contrario.

Cuando trabajaba con marcas, me interesaba que el contenido tuviera humor, estructura, idea, personalidad. Eso hizo que algunas empresas me buscaran directamente, incluso saltándose a las agencias, porque no estaban encontrando creatividad real en los procesos tradicionales.

Ahí nació otra oportunidad.

Hablé con un amigo de toda la vida, alguien que ya tenía experiencia dentro de una agencia reconocida. Él estaba cansado de la burocracia: ideas que pasaban por demasiados filtros, decisiones lentas, poca libertad para crear, estructuras donde a veces una buena idea no se ejecuta solo porque a la persona equivocada no le gustó.

Entonces armamos una agencia creativa.

No arrancamos ganando millones. Arrancamos construyendo reputación, buscando clientes, a veces cobrando menos para entrar en proyectos interesantes y formar portafolio. Esa etapa es incómoda, pero es completamente normal.

Cuando una agencia empieza, no basta con decir “somos buenos”. Hay que demostrarlo.

Muchas veces la gente cree que las carreras creativas son improvisación. En realidad, detrás hay muchísima estrategia, orden y lectura de oportunidades.

Renunciar no es tirarse al vacío sin red

Una idea que defiendo mucho es esta: emprender no debería ser sinónimo de actuar irresponsablemente.

En algún momento renuncié a la radio por un año. ¿Fue impulsivo? No. Yo ya sabía que tenía otros ingresos que representaban más dinero que ese trabajo: redes sociales y shows. La radio era lo único que me tenía amarrado a un horario fijo, y yo quería vivir más, viajar más, compartir con mi familia y tener libertad.

Entonces sí, renuncié, pero no a ciegas.

Con mi socio pasó algo similar. No salió porque sí. Tenía ahorros, estaba agotado del sistema en el que trabajaba y sentía que ya no podía crecer más ahí.

Hay personas felices en estructuras tradicionales y eso está perfecto. Cumplen horario, reciben salario fijo, tienen estabilidad y viven bien así. No hay nada malo en eso.

Pero también hay otro perfil de persona, la que necesita construir algo propio. Esa ruta tiene una dificultad distinta: nadie te obliga a levantarte temprano, nadie te castiga si te dormís, nadie organiza tu vida por vos. Y si no desarrollás disciplina, te come la vagancia.

Los meses bajos, la incertidumbre y por qué ahorro tanto

Cuando uno trabaja por cuenta propia, la incertidumbre es parte del oficio. Hay meses donde entra bastante dinero y otros donde no tanto. Por eso insisto tanto en el ahorro.

Ahorrar no es aburrido. Ahorrar compra tranquilidad.

Si llega un mes flojo y tenés un colchón, respirás distinto. Si vivís al límite porque en los meses buenos te descontrolaste, entonces cada baja se siente como una crisis.

Mi forma de mitigar esa incertidumbre ha sido bastante clara:

  • Tener varias fuentes de ingreso.
  • No gastar como si los meses buenos fueran eternos.
  • Construir negocios que no dependan solo de mi presencia.
  • Guardar dinero para mantener estabilidad emocional y operativa.

Lo difícil de vivir de entretener: nervios, presión y desgaste

Desde afuera puede parecer que todo ha sido alegría, buena vibra y aplausos. Y sí, he tenido la fortuna de que me vaya muy bien. Pero eso no significa que todo sea fácil.

Hay una parte de esta carrera que pesa mucho: todo depende de mí.

En los shows de empresa, por ejemplo, muchas veces el contexto es caótico. No es un teatro con gente lista para escuchar. Es una fiesta de fin de año, con ruido, conversación, desorden. Y yo tengo que entrar a resolver eso, sostener media hora de atención y hacer reír.

Eso genera nervios reales.

Hay días de show donde paso estresado desde temprano, no como bien y siento la presión encima. Son gajes del oficio. El entretenimiento tiene un lado lindísimo, pero también exige muchísimo emocionalmente.

El golpe más fuerte en redes: cuando un error se convirtió en una ola de odio

Si hubo un momento oscuro de verdad, fue uno relacionado con una broma de humor negro vinculada a una silla de ruedas en Disney.

La situación se salió de control. Un contenido que originalmente estaba en una historia fue sacado de contexto, publicado, amplificado y terminó convirtiéndose en una tormenta enorme. Medios empezaron a hablar del tema. Llegaron insultos, amenazas, mensajes violentos. Yo estaba en Estados Unidos y sentí que no quería volver al país.

Fue uno de esos episodios donde entendés lo frágil que puede ser la exposición pública.

También entendí algo durísimo: vos podés hacer muchas cosas buenas por años, ayudar gente, trabajar bien, construir algo positivo. Pero para muchas personas eso no importa. Lo que les interesa es el momento en que te tropezás.

Esa parte de internet existe. Y hay que mirarla de frente.

Lo que aprendí después de esa crisis

Aunque fue una experiencia muy fea, también me dejó enseñanzas enormes.

La primera fue aceptar que me había equivocado. No desde la pose, sino de verdad. El humor tiene una línea muy delgada y uno puede cruzarla sin darse cuenta. Hay comediantes que trabajan deliberadamente desde lo incorrecto y les da igual incomodar. Ese no es mi caso.

Yo sí me tomo en serio el impacto de lo que hago.

La segunda enseñanza fue que en medio del odio también aparece gente buena. Personas que me seguían, incluso algunas que usaban silla de ruedas, me escribieron para decirme que sabían que yo no era una mala persona, que me había equivocado, sí, pero que mi contenido también les había alegrado días difíciles.

Esos mensajes importan muchísimo cuando sentís que todo se te viene encima.

Y la tercera enseñanza fue práctica: hoy pienso mucho más lo que publico. Mido más. Reviso más. Intento entretener sin herir susceptibilidades innecesariamente.

Pasar por una crisis pública te deja cicatriz, pero también criterio.

Mi relación con la gente: cercanía, humanidad y por qué eso importa

Algo que siempre he tratado de cuidar es la cercanía. Me gusta que la gente me sienta alcanzable, normal, real. Yo salgo, voy a bares, saludo, converso, me tomo una cerveza, comparto.

En el mundo de las redes sociales y la televisión, muchas figuras terminan construyendo una distancia que las vuelve intocables. A mí no me interesa eso.

Creo que una parte importante de conectar con la gente está en seguir siendo humano aunque crezca el alcance.

Y eso también explica por qué una caída no necesariamente te destruye. Si la gente siente que detrás del personaje hay una persona, puede haber espacio para el error, el aprendizaje y la reconstrucción.

De dónde salió “enfermos”: cómo construí una comunidad con identidad propia

Una de las cosas más reconocibles de mi marca es que le digo “enfermos” y “enfermas” a quienes siguen mi contenido.

Eso nació de una forma bastante natural. En el colegio, entre amigos, usábamos “enfermo” para referirnos a comentarios muy pasados, muy locos, muy fuera de lugar. Era una forma de molestarnos entre nosotros. Cuando empecé a hablar más en redes, sentí que la gente que estaba del otro lado entendía mi humor, mi forma de vacilar, mi estilo. Entonces empecé a llamarlos así.

Y pegó.

Tanto pegó que se convirtió en identidad. Me lo gritan en la calle. Ya no es solo un apodo improvisado, es una comunidad con nombre propio.

Y desde el punto de vista de marca, eso tiene mucho valor. Muchísimos creadores grandes le ponen nombre a su comunidad porque la gente quiere sentirse parte de algo. No es solo seguir a alguien. Es pertenecer.

Por eso la idea ha seguido creciendo hacia cosas como:

  • Merchandise con la palabra “Enfermo”.
  • Un formato de podcast o show llamado “La Enfermería”.
  • Una identidad compartida entre humor, comunidad y marca.

La ardilla: el logo, el sonido y la importancia de dejar una huella

La otra gran pieza de identidad es la ardilla.

¿Por qué una ardilla? Porque siempre me han gustado. Me parecen locas, rápidas, inquietas, medio intensas. En cierto modo, me identifico con esa energía.

Cuando ya tenía clara la idea de “enfermo”, sentí que mis videos necesitaban un cierre reconocible. Algo más que mi cara. Algo visual y auditivo que la gente asociara inmediatamente conmigo.

Entonces, junto con mi amigo Diego, que luego se convertiría en mi socio en la agencia, creamos la ardilla como logo. Y además inventé un sonido para acompañarla.

Eso fue una decisión estratégica importantísima.

Hubo un video mío de amor y amistad que se hizo extremadamente viral en Facebook, alrededor de 2016. Alcanzó millones de reproducciones, pero mi nombre no aparecía por ningún lado dentro del contenido. Lo compartían en otras páginas, rodaba por WhatsApp, circulaba muchísimo, y yo no estaba capitalizando del todo esa distribución porque no había una marca metida dentro del video.

Ahí entendí que el contenido tiene que estar firmado.

Desde entonces empecé a poner:

  • Mi nombre visible en el contenido.
  • La ardilla como sello de cierre.
  • Un sonido propio para reforzar memoria.

Esa combinación hace que la marca no dependa únicamente de si alguien recuerda mi cara. También recuerda una imagen, un gesto, un sonido, una vibra.

Lo que realmente he aprendido del entretenimiento y los negocios

Si algo me ha enseñado este camino es que el entretenimiento no está peleado con la estrategia. Uno puede ser creativo y al mismo tiempo pensar en estructura, ahorro, branding, diversificación y futuro.

De hecho, debería.

Estas son algunas ideas que han guiado mi carrera:

  • Animarse importa más de lo que parece. Muchas historias arrancan con una decisión pequeña pero valiente.
  • No depender solo de la fama. La atención pública sube y baja. Un negocio más sólido necesita más bases.
  • Ahorrar es parte del juego. No solo por prudencia financiera, sino por salud mental.
  • La identidad de marca se construye intencionalmente. Un nombre para tu comunidad, un logo, un sonido, una forma de hablar, todo suma.
  • Las crisis también enseñan. A veces un golpe fuerte te obliga a madurar más rápido.
  • Ser humano sigue siendo una ventaja competitiva. La gente conecta con personas, no solo con personajes.

Si querés empezar, esto es lo que de verdad pienso

En el mundo del entretenimiento, del arte o de cualquier proyecto creativo, hay que animarse. Esa parte no tiene reemplazo.

Pero también hay que ser inteligente. Si tu sueño es pintar, hacer cerveza artesanal, escribir, actuar o crear contenido, buenísimo. Solo entendé bien el terreno que estás pisando. Hay profesiones creativas que tardan en pagar. Entonces no romantices el salto al vacío.

Si sabés que el camino es complicado, preparate.

Eso puede significar:

  1. Trabajar mientras ahorrás.
  2. Construir una base antes de renunciar.
  3. Entender qué estilo de vida querés realmente.
  4. Aceptar que nadie te va a empujar a tu escenario.

Nadie te va a obligar a empezar. Nadie va a vivir tu vida por vos. Si hay algo adentro que te está diciendo que tenés que intentar otra cosa, escuchalo.

No se vive para trabajar. Se trabaja para vivir.

Esa frase resume muchísimo de lo que pienso hoy.

Yo no sé qué habría pasado si no me hubiera subido a aquel escenario en 2008. Probablemente estaría en una compu editando videos, que para alguna gente puede ser una vida completamente feliz y válida. Pero para mí no. Yo necesito moverme, hablar, crear, hacer ruido, inventar cosas, cambiar de formato, conectar.

Por eso sigo aquí. Haciendo entretenimiento para enfermos, sí, pero también construyendo una vida que tenga sentido a largo plazo.

FAQ

¿Cómo empezó Renzo Rímolo en el entretenimiento?

Empezó en 2008 con un monólogo de comedia en un talent show de su colegio. Ganó el primer lugar y ese momento le abrió la puerta para seguir presentándose en bares, luego en radio, televisión y otros formatos de entretenimiento.

¿Renzo Rímolo estudió algo relacionado con comedia?

No. Estudió producción audiovisual, cine y televisión. Su camino en la comedia nació más por intuición, por su personalidad y por animarse a probar en escena.

¿Qué papel tuvieron las redes sociales en su carrera?

Fueron fundamentales. Primero abrió un fan page para separar su vida personal de la pública, y luego usó las redes para potenciar su contenido, trabajar con marcas, movilizar comunidad y construir una identidad propia con elementos como “enfermos” y la ardilla.

¿Por qué decidió emprender si ya le iba bien en entretenimiento?

Porque entendió que depender únicamente de su imagen era riesgoso. Quiso construir ingresos que no dependieran solo de estar presente en escenarios o campañas, por eso empezó a invertir y a crear negocios paralelos.

¿Cuál fue su primer negocio fuera del entretenimiento?

Fue una inversión como socio en un negocio de barbacoas importadas. Entró como inversionista, no como técnico del producto, y el negocio evolucionó hasta vender también a tiendas mayoristas.

¿Qué lo llevó a crear una agencia creativa?

Detectó que muchas marcas estaban cansadas del trabajo superficial con influenciadores y también frustradas con agencias muy burocráticas. A partir de esa necesidad, junto con un socio con experiencia en publicidad, creó una agencia enfocada en creatividad con más libertad y conexión real con las marcas.

¿Cómo maneja la incertidumbre financiera de emprender?

Principalmente con ahorro, múltiples fuentes de ingreso y una mentalidad de largo plazo. Para él, guardar dinero no es opcional, sino la base para poder enfrentar meses bajos sin entrar en crisis.

¿Qué fue lo más difícil que ha vivido en redes sociales?

Una crisis pública causada por una broma de humor negro relacionada con una silla de ruedas. La situación escaló mucho, recibió ataques y amenazas, y fue una experiencia muy dura que lo hizo replantear cómo mide y publica su humor.

¿Qué significa que llame “enfermos” a su comunidad?

Es una expresión que nació entre amigos en el colegio para referirse a comentarios muy pasados o locos. Con el tiempo se volvió el nombre de su comunidad porque reflejaba su estilo de humor y generó sentido de pertenencia.

¿Por qué usa una ardilla como símbolo?

Porque le gustan mucho las ardillas y se identifica con su energía inquieta y acelerada. Además, la convirtió en un recurso de branding para cerrar sus videos con una imagen y un sonido que la gente pudiera recordar fácilmente.

¿Qué consejo da para quienes quieren emprender o entrar al mundo creativo?

Que se animen, pero con inteligencia. Recomienda no romantizar el salto al vacío, ahorrar, construir una base antes de dejar otras fuentes de ingreso y entender que nadie va a dar el primer paso por uno.

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