Desde Colón hasta San Blas en bicicleta: el intento de llegar a El Porvenir desde Portobelo

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Desde Colón hasta San Blas en bicicleta: el intento de llegar a El Porvenir desde Portobelo

Estaba en Portobelo con una idea que sonaba buenísima sobre el papel: avanzar en bicicleta lo más posible hacia San Blas y, específicamente, hasta El Porvenir. Para quienes conocen la zona, ya saben que El Porvenir es una de las puertas de entrada más conocidas a Guna Yala. El plan era simple, al menos en teoría.

Pedalear desde Portobelo hasta donde llegara la carretera, y cuando ya no hubiera más asfalto ni camino posible, conseguir una lancha para completar el trayecto por mar. Era una mezcla de aventura, logística improvisada y optimismo. De esas que uno arma pensando: algo saldrá.

Pero esta fue una de esas jornadas que recuerdan una verdad importante de viajar por Panamá en bicicleta: no todo lo que parece posible en el mapa lo es en la práctica.

La idea original: combinar carretera y bote para entrar a San Blas

Mi objetivo era entrar a San Blas por un lado poco común, llegando desde el área de Colón y Portobelo. No quería hacer la ruta típica si existía una alternativa. La lógica era aprovechar la carretera hasta el punto más cercano posible y, desde ahí, resolver el resto con transporte marítimo.

Sobre el mapa, esa clase de plan puede parecer razonable. En terreno, cambia todo:

  • La carretera no llega hasta donde uno quisiera.
  • Los accesos a San Blas no funcionan de forma libre o improvisada.
  • Conseguir una lancha no es tan sencillo como llegar al muelle y preguntar.
  • Los costos y las reglas de entrada pueden alterar por completo la ruta.

Eso fue exactamente lo que pasó.

El primer gran obstáculo: las restricciones para entrar a San Blas

Muy rápido me topé con el problema real. Había un tema de impuestos y de acceso que hacía que solo se pudiera entrar por un lado específico. Tratar de entrar por la vía que yo tenía en mente no solo era complicado, sino también muy caro.

La cifra que apareció en la conversación fue clara: entrar por donde yo quería costaba más de 400. Con eso, el plan prácticamente se cayó en ese mismo momento.

Y ahí estuvo el golpe de realidad. No era simplemente una cuestión de aguantar bicicleta, de encontrar una trocha o de convencer a alguien para que me acercara. Había una barrera logística y económica mucho más seria.

En otras palabras, no era que el plan saliera mal por un pequeño detalle. No se dio para nada.

Buscar opciones en el camino: preguntas, muelles y contactos

Aun así, antes de rendirme por completo, intenté moverme con lo que había. Empecé a preguntar por lanchas hacia El Porvenir, tratando de entender desde qué punto salía algo útil.

Una de las primeras referencias fue Miramar. La idea era averiguar si desde ahí se podía tomar una lancha. Pero como suele pasar cuando uno viaja por zonas donde la información circula de boca en boca, cada persona te manda a otro lado.

La conversación iba más o menos por esta línea:

  • Preguntar si había lancha hacia El Porvenir.
  • Recibir la indicación de llegar a un muelle en Miramar.
  • Escuchar que quizá no era ahí, sino en otro muelle grande al lado.
  • Terminar con la recomendación de seguir por carretera hacia otro punto, como Cartí, porque supuestamente era mejor.

Esa clase de intercambio resume bastante bien lo difícil que puede ser armar una ruta fuera de los circuitos más organizados. Nadie necesariamente te está dando mala información. El problema es que cada quien conoce solo una parte del rompecabezas.

Cuando la ruta depende de gente que ni siquiera es de la zona

Hubo un detalle que me pareció muy revelador. En medio de las preguntas, una persona me dijo algo muy honesto: ni siquiera era de ahí, estaba trabajando en la zona y venía del interior. Es decir, estaba intentando conseguir orientación local de alguien que, en realidad, también era un forastero temporal.

Eso pasa mucho más de lo que uno cree cuando viaja. Llegas pensando que cualquiera te puede resolver una duda logística, pero no siempre es así. En lugares costeros o con movimiento de trabajo temporal, puedes encontrarte con gente amable y dispuesta a ayudar, pero que no necesariamente maneja la operación de transporte o los contactos que necesitas.

La ayuda entonces se vuelve más indirecta:

  • “Prueben en ese muelle”.
  • “Averigüen con fulano”.
  • “Tal vez por carretera les sale mejor”.
  • “Es raro que no haya”.

Y uno sigue avanzando con esa mezcla de esperanza y confusión.

La dificultad real de conseguir una lancha a El Porvenir por esa vía

El problema no era solo encontrar un bote. Era encontrar el bote correcto, desde el lugar correcto, con una ruta permitida y a un precio razonable.

Pregunté incluso si alguien conocía a una persona en Miramar que pudiera llevarme a El Porvenir. La necesidad ya no era tanto conseguir transporte turístico formal, sino una solución práctica para cruzar hasta donde yo quería llegar.

Pero tampoco aparecía un contacto concreto. Ni número de teléfono, ni nombre claro, ni una confirmación real de que esa opción existiera.

Cuando un viaje depende de un “de repente”, generalmente ya sabes que estás entrando en terreno incierto.

Otra preocupación básica: si lograba llegar, ¿había dónde dormir?

Además del traslado, surgió otra pregunta clave: si llegaba a El Porvenir, ¿había dónde pasar la noche?

Ese detalle puede parecer menor, pero en una ruta así lo cambia todo. No se trata solo de alcanzar un destino. Hay que llegar con margen de tiempo, saber si existe hospedaje, si te van a recibir y si tiene sentido meterte a una zona donde todavía no tienes resuelto ni el regreso ni la siguiente etapa del viaje.

Por eso la logística de una travesía en bicicleta no es solamente pedalear. También es:

  • Acceso
  • Permisos o restricciones
  • Transporte complementario
  • Presupuesto
  • Hospedaje
  • Comunicación

Cuando varias de esas piezas fallan al mismo tiempo, lo más sensato muchas veces es aceptar que esa ruta, al menos ese día, no va a suceder.

Lo que esta experiencia me dejó claro sobre Panamá en bicicleta

Una de las cosas más interesantes de recorrer Panamá en bicicleta es que el país siempre te obliga a negociar con la realidad. Hay trayectos que parecen obvios desde lejos, pero que al acercarte revelan otra historia por completo.

En este caso, el reto no fue físico. No fue una subida imposible ni un día de viento ni una avería mecánica. El gran obstáculo fue la estructura misma del acceso a San Blas desde ese lado.

Y eso deja varias lecciones útiles.

1. No basta con que exista una línea en el mapa

Que dos lugares estén cerca no significa que haya una conexión práctica entre ellos. Menos aún si hablamos de zonas costeras, comunidades con accesos regulados o tramos donde la carretera simplemente se termina.

2. Las rutas alternativas pueden salir mucho más caras de lo esperado

A veces uno piensa que salirse de la vía tradicional puede ahorrar tiempo o abrir una experiencia más auténtica. Pero también puede disparar los costos, especialmente si dependes de transporte privado o de entradas reguladas.

3. La información local es valiosa, pero puede ser fragmentaria

Preguntar siempre ayuda, pero no todas las respuestas encajan entre sí. En este tipo de viajes hay que aprender a filtrar, contrastar y aceptar que a veces la respuesta más honesta es: hoy no se puede.

4. Adaptar el plan también es parte del viaje

En bicicleta uno desarrolla una relación muy distinta con la frustración. Si algo no sale, no queda más que reacomodar. No con dramatismo, sino con pragmatismo. El viaje sigue, aunque no sea por la ruta que habías imaginado.

Video de esta etapa

¿Entonces se puede ir desde Colón hasta San Blas en bicicleta?

Si la pregunta es si se puede hacer de manera directa y sencilla por la ruta que yo intenté, la respuesta de esta experiencia es no, al menos no de una forma práctica, económica y clara.

La combinación de carretera incompleta, acceso restringido y costos altos vuelve la idea muchísimo más complicada de lo que uno pensaría al inicio.

Eso no significa que San Blas sea imposible dentro de un viaje por Panamá en bicicleta. Significa que esa entrada específica desde Portobelo hacia El Porvenir no resultó viable en las condiciones que encontré.

Y a veces eso también es parte del valor del recorrido: descubrir no solo por dónde sí se puede pasar, sino también por dónde no.

FAQ

¿El plan era ir directamente en bicicleta hasta El Porvenir?

No. La idea era avanzar en bicicleta desde Portobelo hasta donde terminara la carretera y después completar el trayecto en lancha.

¿Por qué no funcionó la ruta hacia San Blas?

Porque había restricciones de entrada a San Blas y, por la vía que yo quería usar, el costo superaba los 400. Eso volvió el plan inviable.

¿Se podía conseguir lancha fácilmente desde Miramar?

No fue fácil. Había información confusa sobre desde qué muelle salían botes y no apareció un contacto claro que pudiera llevarme hasta El Porvenir.

¿Alguien recomendó otra ruta?

Sí. En la conversación apareció la recomendación de ir por carretera hacia Cartí, porque parecía una opción mejor para entrar a San Blas.

¿También estaba en duda el alojamiento en El Porvenir?

Sí. Además del transporte, quedaba la pregunta de si había lugares para dormir, lo cual era otra parte importante de la logística.

¿La dificultad principal fue física o logística?

Fue principalmente logística. El problema no fue pedalear, sino la falta de acceso claro, el costo de entrada y la dificultad de conseguir un bote adecuado.

¿Qué enseña esta etapa del viaje por Panamá en bicicleta?

Que en rutas como esta no basta con mirar el mapa. Hay que considerar permisos, costos, transporte complementario y hospedaje. A veces el verdadero reto no es la distancia, sino la infraestructura y las reglas del lugar.

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