Desde Pedasí hasta Chitré en bicicleta: 72 kilómetros, una parada en Las Tablas y un buen día de ruta

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Desde Pedasí hasta Chitré en bicicleta: 72 kilómetros, una parada en Las Tablas y un buen día de ruta

Retomé la ruta con una idea bastante simple sobre el papel: salir desde Pedasí y llegar hasta Chitré por una carretera que, en buena parte, iba en línea recta. No sonaba tan complicado. Claro, una cosa es verlo en el mapa y otra muy distinta es sentarse sobre la bicicleta y meterle al cuerpo 72 kilómetros de pedaleo.

Después de haber descansado bastante, la gran pregunta del día era si el cuerpo iba a responder bien. A veces, cuando uno viene acumulando jornadas largas, dormir y parar ayuda muchísimo. Otras veces, el cuerpo amanece como si lo hubieran dejado olvidado en una esquina. Esta vez salí con la esperanza de lo primero: que fuera un buen día, de esos en los que las piernas acompañan, la cabeza también, y los kilómetros van cayendo uno detrás de otro.

Calculé que el trayecto podía tomar unas ocho horas. No porque la distancia fuera descomunal, sino porque en bicicleta nunca se cuenta solo el pedaleo. También entran las pausas, el calor, el agua, la comida, la conversación y esas pequeñas detenciones que terminan siendo parte del viaje.

Cuando la ruta parece sencilla, igual hay que respetarla

Uno de los errores más comunes al viajar en bicicleta es confiarse cuando el mapa se ve amable. Una recta larga puede parecer fácil, pero el sol, el cansancio acumulado y el ritmo constante terminan pasando factura si no se administra bien la energía.

Ese tipo de etapa exige tres cosas muy básicas:

  • Paciencia para no salir disparado en los primeros kilómetros.
  • Buena hidratación para aguantar el calor del interior del país.
  • Comida suficiente para que el cuerpo no se venga abajo a mitad de jornada.

Con eso en mente, la idea no era “ganarle” a la ruta, sino llevarla bien. A fin de cuentas, este viaje forma parte de recorrer Panamá en bicicleta, y cuando uno está en una travesía larga, cada día cuenta.

La parada clave del día: Las Tablas

En medio del trayecto apareció uno de esos momentos que terminan dándole sabor a la jornada. Llegué a Las Tablas, un punto perfecto para hacer una pausa seria, comer algo y volver a cargar energías.

Y como suele pasar en carretera, una parada de comida no es solo una parada de comida. También es descanso, humor, conversación y un pequeño reinicio mental antes de volver a montar.

La escena fue tan buena que terminó convirtiéndose en un segmento completo, con ese tono relajado y medio absurdo que a veces solo sale cuando uno lleva rato pedaleando y el hambre empieza a mezclarse con el cansancio y el buen ánimo.

El menú de la parada

En Las Tablas la misión fue clara: sentarse a comer bien. Hubo comida de verdad, de esa que se siente como combustible legítimo para seguir avanzando. Entre bromas y comentarios, salieron a relucir cosas como:

  • Sancocho
  • Bizcocho
  • Y todo lo que ayudara a que el “régimen alimentario” siguiera siendo, digamos, bastante alimentario

La descripción no pretendía ser nutricionalmente elegante. Era más bien honesta. Cuando uno lleva varios kilómetros encima, entiende rápido que comer bien no es lujo, es estrategia.

Además, según la descripción del día, también hubo parada de agua de pipa a mitad de camino. Y eso, en una ruta calurosa por esta zona de Panamá, vale oro. La pipa no solo refresca. También le cambia el humor a cualquiera que venga cocinándose al sol.

El humor también empuja la bicicleta

Parte del encanto de un viaje así es que no todo se reduce a distancia, promedio o altimetría. También están los momentos raros, las improvisaciones, los personajes y los comentarios que no tienen ninguna necesidad de existir, salvo que hacen el camino muchísimo mejor.

En esta parada aparecieron segmentos improvisados, presentaciones teatrales, preguntas absurdas y una energía de carretera que no se puede fabricar. Ese tipo de humor espontáneo hace que un día largo se sienta más liviano.

Hubo espacio para todo:

  • Presentaciones exageradas como si se tratara del evento más importante del siglo.
  • Comentarios sin ningún filtro sobre la comida, el lugar y la situación.
  • Interacciones juguetonas con quienes acompañaban el momento.
  • Una especie de “turista perdida en Panamá” como parte de la broma del día.

Ese caos simpático también forma parte del viaje. Porque pedalear durante horas no es solamente mover las piernas. Es sostener el ánimo. Y a veces una conversación tonta en una fonda vale tanto como una buena comida.

Pedalear Panamá también es dejarse hospedar y agradecer

Al final del día, el plan era llegar a Chitré. Y una de las cosas más bonitas de este tipo de recorrido es la gente que aparece en el camino para ayudar. Esa noche me quedé en casa de Dayana Sáez, quien me hospedó junto con su familia.

Cuando uno viaja de esta forma, entiende rápidamente que la ruta no la hace solo la geografía. También la hacen las personas. La hospitalidad termina siendo parte central de la experiencia.

No se trata únicamente de tener un techo para dormir. Se trata de encontrarse con gente buena, compartir un rato, cerrar la jornada en paz y arrancar el día siguiente con energías renovadas. En viajes largos, eso pesa muchísimo.

Lo que realmente hace bueno a un día de ruta

Este tramo entre Pedasí y Chitré fue, sencillamente, un buen día. Y eso a veces no necesita mucha más explicación. No tuvo que ser espectacular para ser memorable.

Un buen día de bicicleta suele tener una combinación como esta:

  1. El cuerpo responde después del descanso.
  2. La distancia es retadora, pero manejable.
  3. Hay una pausa oportuna para comer e hidratarse.
  4. El humor acompaña y hace más ligero el trayecto.
  5. La llegada tiene sentido, sobre todo cuando hay gente que recibe bien.

No todos los días en una travesía larga traen épica. Algunos simplemente salen bien. Y eso, cuando uno está recorriendo el país en bicicleta, ya es bastante.

Lecciones de esta etapa entre Pedasí y Chitré

Si algo deja claro esta jornada es que los trayectos “simples” merecen respeto y buena planificación. Estas son las ideas más útiles que me dejó el día:

  • Descansar sí cambia la ruta. Salir recuperado puede transformar completamente cómo se sienten los kilómetros.
  • Comer durante el camino no es opcional. Una buena parada puede salvar la segunda mitad del trayecto.
  • La hidratación manda. En Panamá, y más en rutas largas, el agua de pipa y cualquier oportunidad de refrescarse cuentan mucho.
  • El viaje también se construye con humor. Reírse, hablar tonterías y romper la monotonía hace más sostenible el esfuerzo.
  • La hospitalidad vale tanto como la ruta. Llegar a un lugar donde te reciben bien cambia por completo el cierre del día.

Video de la etapa

FAQ

¿Cuántos kilómetros hay desde Pedasí hasta Chitré en esta etapa?

La jornada fue de aproximadamente 72 kilómetros en bicicleta.

¿Cuánto tiempo tomó el recorrido?

La estimación para completar el trayecto fue de unas ocho horas, contando el pedaleo y las pausas del camino.

¿Dónde fue la parada principal durante la ruta?

Una de las paradas más destacadas fue en Las Tablas, donde hubo tiempo para comer, descansar un poco y recargar energías antes de seguir hacia Chitré.

¿Qué comieron durante la parada?

Entre bromas y buen ambiente, la parada incluyó comida como sancocho y bizcocho, además de lo necesario para seguir con fuerza la ruta.

¿Hubo alguna parada para hidratarse?

Sí. Durante el día hubo una parada de agua de pipa, ideal para refrescarse en medio del calor del camino.

¿Dónde terminó la jornada?

La etapa terminó en Chitré, donde fui hospedado por Dayana Sáez y su familia.

¿Cómo fue el balance general del día?

Fue un buen día de ruta: el cuerpo respondió, la distancia salió bien, hubo comida, hidratación y un cierre con buena compañía.

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