La Quijada del Diablo rumbo a Chiriquí en bicicleta: Día 3 entre Cerro del Ángel y Gualaca

video thumbnail for 'La Quijada del Diablo, rumbo a Chiriqui en bicicleta Dia 3.'

La Quijada del Diablo rumbo a Chiriquí en bicicleta: Día 3 entre Cerro del Ángel y Gualaca

El plan seguía siendo igual de ambicioso que desde el primer día: recorrer Panamá en bicicleta. Habíamos salido desde Bocas del Toro, pasando por Almirante, y el objetivo era meternos rumbo a Chiriquí por Gualaca. Solo que, claro, una cosa es decirlo con entusiasmo y otra muy distinta es hacerlo con las piernas ya cargadas de varios días de pedaleo.

Este tercer día tenía una misión bastante clara: cubrir el tramo desde Cerro del Ángel hasta Gualaca. En el mapa marcaba unos 53.8 kilómetros. En carro eso se resuelve en poco más de una hora. En bicicleta, en cambio, el tiempo se mide distinto: por pendientes, por cansancio, por clima, por humor, y por esa capacidad humana de seguir avanzando aunque uno ya esté soñando con una cama, una pizza y un día entero sin pensar en pedalear.

Había una sospecha esperanzadora antes de arrancar: que viniera bastante bajada. Cuando uno va cruzando estas rutas entre Bocas del Toro y Chiriquí, ese tipo de esperanza no es un lujo, es combustible mental.

Un día clave en la ruta entre Bocas del Toro y Chiriquí

Este tramo no era cualquier tramo. Estábamos en una de esas zonas donde el viaje deja de sentirse como paseo y empieza a sentirse como travesía de verdad. La Quijada del Diablo es de esos nombres que ya te van diciendo que el camino no vino a jugar.

Además, había una mezcla interesante de emoción y desgaste. Por un lado, el ánimo de seguir descubriendo Panamá sobre dos ruedas. Por el otro, la realidad física de un recorrido que incluía subida, bajada y más kilómetros de los que el cuerpo quisiera negociar en ese momento.

El grupo arrancó con esa energía medio absurda que aparece cuando uno está cansado pero todavía se ríe. Íbamos Andrés Piñeiro, Gabriel Silva, Dani y el infaltable personaje de la jornada: “el bolas rosadas”, porque en una aventura así también hace falta humor para sobrevivir.

La ruta del día: 53.8 km que no se sienten igual en bicicleta

Hay una trampa muy común cuando uno mira rutas en el mapa: pensar que la distancia es toda la historia. No lo es. 53.8 kilómetros pueden ser llevaderos o pueden sentirse eternos, y en la montaña eso depende mucho del perfil del terreno.

Para este tercer día, la idea era conectar:

  • Cerro del Ángel
  • La zona de La Quijada del Diablo
  • Gualaca

Y, si al llegar todavía quedaba algo de alma dentro del cuerpo, existía incluso la posibilidad de alargar hasta David. Eso sí, esa decisión no estaba tomada desde la valentía racional, sino desde esa costumbre que tenemos algunos ciclistas de decir “vemos cuando lleguemos”, aunque ya sepamos que estamos coqueteando con el exceso.

Entre bromas y realidad: uno de los retos más fuertes del viaje

Antes de pedalear, el ambiente era una mezcla de relajo y advertencia seria. Se hablaba del día como uno de los más duros. No solo por la distancia, sino por el tipo de terreno.

El recorrido prometía:

  • subidas exigentes
  • bajadas rápidas
  • cambios de ritmo constantes
  • desgaste acumulado de jornadas anteriores

Y eso tiene un efecto curioso. Ya no se trata únicamente de pedalear. También hay que administrar la cabeza. En rutas largas, especialmente atravesando zonas montañosas de Panamá, el verdadero reto muchas veces no está en la bicicleta sino en sostener el ánimo cuando todavía falta bastante camino.

Por eso el humor termina siendo parte del equipo. Entre bromas sobre extender la ruta hasta David y comentarios improvisados sobre lo arriesgado del plan, se iba armando el tono del día. Una aventura sí, pero de esas que se disfrutan al mismo tiempo que uno se pregunta por qué aceptó estar ahí.

La Quijada del Diablo: un punto alto entre dos provincias

En pleno recorrido apareció uno de los lugares más simbólicos de la jornada: La Quijada del Diablo, un punto ubicado entre Bocas del Toro y Chiriquí que se siente como frontera emocional además de geográfica.

Estar ahí arriba cambia la sensación del viaje. Ya no es solo avanzar de un pueblo a otro. Es notar que estás cruzando regiones enteras del país con la única fuerza de tus piernas. Y eso, aunque suene épico, también viene acompañado de agotamiento del bueno, del que se siente en la respiración, en los muslos y hasta en la forma en que uno habla.

De hecho, a esa altura del día el cansancio ya era tan real que hasta improvisar un comentario se volvía una tarea olímpica. Aun así, salió una de esas confesiones honestas que resumen perfectamente el espíritu del cicloviaje: cuando el cuerpo está al límite, lo que uno quiere no es poesía, es llegar, dormir, comer algo brutal y pasar el día siguiente sin pensar en pedalear.

Lo que quiero es pedalear para llegar a David, dormir, y mañana descansar. Quiero pizza.

Hay momentos en los viajes en bicicleta en los que toda la filosofía se resume en eso. Ni épica ni técnica. Solo avanzar y ganarse una comida memorable.

Lo que realmente significa pedalear Panamá

Recorrer Panamá en bicicleta suena increíble, y lo es. Pero también implica aceptar una verdad sencilla: el país se siente distinto cuando se cruza pedaleando.

Las distancias pesan más.

Las pendientes importan más.

El clima se vuelve protagonista.

Y cada tramo tiene su propia personalidad.

En una ruta como esta, entre Bocas del Toro y Chiriquí, uno pasa de la emoción del plan general a la realidad concreta del día. Ya no importa tanto el gran objetivo abstracto de “dar la vuelta al país”, sino resolver el siguiente ascenso, la siguiente curva, la próxima bajada, el próximo pueblo.

Eso también hace que cada avance tenga más valor. Llegar a Gualaca no era solo tachar un punto en el mapa. Era haber superado un día físicamente pesado, con terreno variable y con el cansancio acumulado de una expedición que iba lenta, sí, pero seguía avanzando.

La conversación eterna del ciclista: ¿paramos en Gualaca o seguimos hasta David?

Una de las partes más humanas de cualquier viaje largo en bicicleta es esa negociación constante entre ambición y sensatez. En teoría, el objetivo principal del día era llegar a Gualaca. Pero una vez cerca del destino siempre aparece la tentación de mirar más allá.

¿Y si seguimos hasta David?

La idea estaba sobre la mesa. No como certeza, sino como posibilidad. Eso dice mucho del tipo de viaje que llevábamos. Había planificación, sí, pero también improvisación. Y eso es normal cuando uno se mueve así por carretera: el cuerpo del día termina decidiendo más que el itinerario original.

A veces uno llega con energía inesperada y extiende la ruta. Otras veces basta con ver una cama o imaginar una comida caliente para entender que ya se hizo suficiente por hoy.

Lo importante era mantener viva la aventura sin ignorar el cansancio real. Porque una cosa es ser atrevido y otra es regalarse a una mala decisión en plena carretera.

El valor del equipo en una travesía así

Aunque cada quien pedalea con sus propias piernas, en una ruta como esta el grupo pesa muchísimo. La presencia de compañeros como Gabriel Silva, Dani y el resto del combo le da otra textura al recorrido.

En los días duros, el equipo sirve para varias cosas al mismo tiempo:

  • mantener el ánimo
  • bajar la tensión con chistes
  • compartir el cansancio sin necesidad de explicarlo mucho
  • hacer que el reto se sienta menos solitario

Eso se nota especialmente en las pausas, en los comentarios improvisados y en esa forma tan natural de convertir el agotamiento en broma. Cuando uno ya está rendido, reírse sigue siendo una manera de avanzar.

Lo bonito y lo brutal del camino

El viaje venía exactamente con esa doble cara que hace especiales las travesías largas. Por un lado, la belleza del paisaje, la emoción de estar cruzando Panamá en bicicleta y la satisfacción de sumar kilómetros propios. Por el otro, la parte brutal: el cansancio, la exigencia del terreno y esa sensación de vulnerabilidad que aparece cuando uno se enfrenta a rutas de montaña con el cuerpo ya exigido.

En la descripción de esta aventura se resume perfecto esa contradicción: íbamos bien, lento pero seguros. Bueno, más o menos seguros. En realidad, el asunto tenía bastante de locura controlada. Pero justo ahí estaba parte del encanto.

No era un viaje pulido ni una expedición de laboratorio. Era una experiencia real, sudada, improvisada por momentos, divertida y físicamente demandante. Y por eso mismo tenía tanto valor.

Video de la ruta

Lo que me dejó este tercer día rumbo a Chiriquí

Si algo dejó claro esta etapa entre Cerro del Ángel, La Quijada del Diablo y Gualaca, es que los grandes viajes se construyen en días como este. Días en los que no todo es heroico. Días en los que uno se queja, se ríe, duda, sigue pedaleando y sueña con pizza como si fuera una visión celestial.

Ese tipo de jornadas son las que terminan definiendo una travesía.

No solo por la distancia recorrida, sino por lo que exigen. Te obligan a medir fuerzas, a entender el terreno, a apoyarte en la gente que va contigo y a recordar por qué empezaste. En este caso, por esa idea simple y poderosa de recorrer todo Panamá en bicicleta, un tramo a la vez.

Chiriquí ya se sentía más cerca. Y aunque el cuerpo seguramente pedía tregua, la ruta seguía abierta.

Preguntas frecuentes

¿Cuál fue la ruta principal de este día 3?

La etapa del día se planteó desde Cerro del Ángel hasta Gualaca, en el camino que conecta Bocas del Toro con Chiriquí. Era un tramo de aproximadamente 53.8 kilómetros.

¿Por qué este tramo fue especialmente exigente?

Porque no era una ruta plana ni lineal. Incluía subidas, bajadas y el desgaste acumulado de los días anteriores. En bicicleta, esa combinación cambia por completo la dificultad real del recorrido.

¿Qué es La Quijada del Diablo dentro de esta jornada?

Es uno de los puntos más simbólicos y altos del trayecto entre Bocas del Toro y Chiriquí. Representa una parte dura y memorable del recorrido, tanto por el terreno como por lo que significa estar cruzando esa zona del país pedaleando.

¿La idea era terminar en Gualaca o seguir hasta David?

El objetivo principal del día era llegar a Gualaca. Sin embargo, existía la posibilidad de extender la ruta hasta David si al llegar todavía había energía suficiente para seguir.

¿Cuánto tomaría este tramo en carro y por qué eso importa?

En carro sería poco más de una hora. Eso sirve como referencia, pero justamente muestra la diferencia entre desplazarse motorizado y hacerlo en bicicleta, donde el tiempo depende mucho del desnivel, del estado físico y de las condiciones del camino.

¿Qué tono tuvo esta etapa del viaje?

Fue una mezcla de esfuerzo real, humor entre compañeros, cansancio acumulado y ganas de seguir. Esa combinación hizo que el día se sintiera intenso, divertido y muy auténtico.

0 comments

Leave a comment