Colón hacia Portobelo en bicicleta: el día en que el cansancio también habló
Seguir pedaleando por Panamá tiene algo de terquedad, algo de curiosidad y algo de promesa personal. En esta etapa salí de Colón con la idea clara de seguir dándole la vuelta al país, acercándome a Portobelo y manteniendo vivo un plan que, mientras más avanza, más sentido cobra: seguir la carretera hasta donde se acabe y después continuar por mar hacia San Blas.
Si logro llegar a San Blas y luego regresar a Ciudad de Panamá, el círculo queda completo. Sería, literalmente, darle la vuelta entera a Panamá en bicicleta. Esa era la idea al arrancar este día 23, pero como pasa en los viajes largos, una cosa es el mapa y otra lo que pasa dentro de uno cuando el cuerpo ya viene acumulando kilómetros, cansancio y pensamientos.
La ruta: de Colón centro a Portobelo
La jornada tenía una dirección concreta: ir desde Colón centro hacia Portobelo. No era solo un traslado entre dos puntos. Era una pieza más dentro de una ruta más grande, una de esas etapas que ayudan a conectar el rompecabezas completo del viaje por Panamá en bicicleta.
Mi intención sigue siendo la misma desde hace varios días: conocer todo Panamá pedaleando, avanzar por la carretera todo lo posible y adaptarme a la geografía del país sin pelearme con ella. Donde hay asfalto, bicicleta. Donde ya no haya carretera, tocará pensar en barco.
Eso es parte del encanto de una travesía así. No siempre se trata de la ruta más recta ni de la más cómoda. Se trata de entender el país como realmente es, con sus límites, sus conexiones y sus transiciones entre tierra y mar.
Cuando el objetivo deja de ser un solo destino
Portobelo era el objetivo del día, sí, pero en realidad esta etapa valía por algo más grande. Cada pedaleo acercaba la posibilidad de completar una vuelta total por Panamá. Esa idea tiene un peso especial porque convierte cada jornada, incluso la más dura, en parte de una historia más amplia.
En un viaje largo uno aprende que hay metas pequeñas y metas grandes al mismo tiempo:
- La meta inmediata: llegar al siguiente punto del mapa.
- La meta estratégica: conectar tramos para que el recorrido completo tenga sentido.
- La meta íntima: descubrir hasta dónde aguantan las piernas, la cabeza y el ánimo.
Este trayecto hacia Portobelo estaba justo en ese cruce. Era un día de avance geográfico, pero también un día de desgaste emocional.
El desgaste real de pedalear durante tantos días
Hay un momento en los viajes en bicicleta en que el cansancio deja de ser solo físico. Ya no se siente únicamente en las piernas o en la espalda. Empieza a colarse en la manera de pensar, en lo que uno dice, en la forma en que interpreta el mundo alrededor.
Después de tantos días pedaleando, el agotamiento no solo resta energía. También baja defensas emocionales. Uno habla de más. Dice cosas que tal vez normalmente guardaría. El kilometraje empuja pensamientos al frente y les quita filtro.
Ese estado de extenuación tiene algo muy honesto. No necesariamente cómodo, pero sí honesto. Cuando uno está al límite, desaparecen muchas capas. Queda lo esencial.
Y a veces lo esencial no tiene que ver con la ruta, ni con la bicicleta, ni con la logística. A veces lo que aparece son las personas que uno ama, el sentido de estar vivo y la sensación de que todavía queda mucho por descubrir.
Amo mi familia. Amé la vida. Siempre pensé que faltaba más por descubrir.
Ese tipo de pensamiento no sale de una pose heroica. Sale del cansancio profundo. De haber pedaleado suficiente como para que la cabeza entre en un lugar distinto.
Lo que una jornada dura te obliga a decirte
Hay días en que uno se siente fuerte y todo parece una aventura impecable. Y hay otros en que el cuerpo va tan exigido que la ruta se vuelve también una conversación con la fragilidad.
En ese estado, aparecen frases grandes. Frases definitivas. Frases que suenan exageradas si se miran desde la comodidad, pero que en la carretera pueden sentirse completamente verdaderas.
No se trata de dramatizar. Se trata de reconocer algo que cualquier viaje largo enseña rápido: la fatiga altera la perspectiva. Lo que pienso en una subida interminable bajo el peso de muchos días no siempre es lo mismo que pensaría descansado. Pero precisamente por eso vale la pena escucharlo.
La extenuación desnuda cosas importantes:
- qué tanto extraño a mi familia,
- qué tanto valoro estar vivo,
- qué tan profundamente quiero seguir conociendo el mundo.
Ese cansancio extremo no solo aprieta. También aclara.
Pedalear para conocer Panamá completo
La ruta entre Colón y Portobelo no está aislada del resto del viaje. Forma parte de una búsqueda más ambiciosa: conocer Panamá entero en bicicleta. No a medias, no solo en tramos cómodos, sino siguiéndole el hilo al país hasta donde sea posible.
Por eso esta etapa importa. Porque acerca a la posibilidad de enlazar costa, carretera y mar en un solo recorrido. Desde allí, la lógica del viaje sigue siendo avanzar hacia San Blas y luego cerrar el círculo regresando a Ciudad de Panamá.
La belleza del plan está en su sencillez:
- Pedalear mientras exista carretera.
- Resolver los tramos donde la bicicleta sola ya no basta.
- Conectar cada segmento hasta completar la vuelta.
Puede sonar simple escrito así, pero hacerlo requiere insistencia. Requiere aceptar que habrá días buenos y días pesados. Requiere convivir con la duda y seguir igual.
Portobelo como parte de algo mayor
Llegar a Portobelo en esta etapa no era solamente tachar un nombre más del mapa. Era confirmar que el viaje seguía vivo, avanzando y tomando forma.
En las travesías largas, algunos lugares funcionan como bisagras. Portobelo es uno de esos puntos. No solo por su ubicación en la ruta, sino porque representa un avance claro hacia ese objetivo final de cerrar la vuelta por Panamá.
Cuando uno viaja así, empieza a medir los sitios de dos maneras:
- Por lo que son en sí mismos, con su identidad y su lugar en el territorio.
- Por lo que significan dentro del viaje, como piezas clave para poder seguir.
Portobelo, en este caso, tiene ese doble valor.
El lado menos romántico de viajar en bicicleta
Se habla mucho de la libertad de la bicicleta, y con razón. Pero también hay un lado menos romántico que conviene decir claramente: hay días en que uno termina destruido.
No siempre hay épica limpia. A veces hay agotamiento, confusión mental, frases desordenadas y una necesidad urgente de parar. A veces el viaje no se siente como postal sino como esfuerzo puro.
Y aun así, o precisamente por eso, esos días también cuentan. Incluso enseñan más.
Porque cuando todo está fácil, cualquiera puede enamorarse del camino. La pregunta real aparece cuando cuesta. Cuando el cuerpo ya viene cargando demasiados kilómetros. Cuando todavía falta bastante y la cabeza empieza a desbordarse.
Ahí se revela lo importante:
- si el propósito alcanza para sostenerte,
- si la ruta todavía te emociona,
- si el deseo de descubrir sigue siendo más fuerte que el cansancio.
Lo que me dejó esta etapa entre Colón y Portobelo
Este día me recordó que pedalear no solo sirve para moverme de un punto a otro. También me pone frente a lo que realmente siento cuando ya no queda energía para adornar nada.
La ruta hacia Portobelo fue una continuación del plan de recorrer Panamá en bicicleta, pero también fue una especie de confesión involuntaria provocada por el desgaste. De esos días salen verdades simples:
- amo a mi familia,
- amo la vida,
- todavía siento que falta muchísimo por descubrir.
Quizás eso sea lo más potente de viajar así. Que mientras uno intenta conocer un país, también termina conociendo con más claridad lo que lleva adentro.
Video de esta etapa
Preguntas frecuentes
¿Cuál era el objetivo de esta etapa entre Colón y Portobelo?
El objetivo inmediato era llegar a Portobelo desde Colón centro. Pero dentro del viaje completo, esta etapa formaba parte del plan de seguir recorriendo Panamá en bicicleta hasta cerrar una vuelta completa por el país.
¿Qué plan seguía después de Portobelo?
La idea era continuar por carretera hasta donde se acabara el camino y, desde allí, buscar la manera de llegar en barco por San Blas. Luego, desde San Blas, regresar a Ciudad de Panamá para completar el circuito.
¿Por qué esta jornada se sintió tan intensa?
Porque el cansancio acumulado de tantos días pedaleando empezó a pesar no solo en el cuerpo, sino también en la mente. La extenuación hizo que salieran pensamientos y emociones más profundas, sin mucho filtro.
¿Qué revela el agotamiento en un viaje en bicicleta?
Revela prioridades y afectos. En este caso, el cansancio extremo llevó a expresar amor por la familia, gratitud por la vida y una certeza muy humana: siempre parece que todavía queda más por descubrir.
¿Este recorrido busca solo avanzar kilómetros?
No. Aunque el avance físico importa, el viaje también trata de conocer Panamá de forma completa y de experimentar lo que pasa por dentro cuando uno se enfrenta durante días seguidos al esfuerzo, la incertidumbre y la ruta.
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